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Un souvenir alternativo

Lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en un souvenir son las estatuillas de sevillanas de las Ramblas. Este es el problema resumido en una frase.Aquí no tenemos sevillanas y Barcelona no son solamente las Ramblas.

En el mundo globalizado en que vivimos, donde todas las respuestas están en Google y está de moda viajar, las ciudades se han convertido en marcas reclamo de turismo.

La realidad de éstas se simplifica, se reduce a 4 iconos que representan el lugar para que el turista los consuma. Y éste, que normalmente ya los conoce antes de salir de su lugar de origen, los busca como si fuesen la única realidad existente.

El souvenir y el viajero han sido un binomio inseparable desde tiempos remotos. Al turista le cuesta resistirse a llevarse un pedacito del viaje, de la etapa idílica de sus vacaciones porque de algún modo quiere que perduren al volver a la realidad cotidiana. El problema viene cuando lo que se lleva no es más que un icono que ha sido inventado y puesto allí para que él lo consuma. Éste, por lo tanto, ya no representa el lugar visitado, sino al propio turista, a la caricatura de este.

Por todo ello, mi intención ha sido imaginar una alternativa. Y hacerla realidad. Se trata de una invitación al turista a ir más allá: le hago el equipaje para que se construya un souvenir a la medida de sus recuerdos. La idea se formaliza a través de una maleta donde encontrará los elementos necesarios para capturar en tres pasos un instante de su viaje y llevárselo a su casa en forma de huella. Una espécie de fotografía táctil en 3D que le permitirá revivir el momento impreso con tan solo mirar la pieza o acariciarla.

El souvenir propuesto por lo tanto funciona en un ámbito universal y no está ligado a ninguna identidad local. Está pensado para que la identidad del objeto se la otorgue el propio usuario de manera que sea auténtica. Si el turista es quien materializa el souvenir, seguro que la pieza es perfecta para él. Representará el recuerdo que elija y el lugar visitado. En definitiva, mi propuesta es un objeto que pueden ser mil objetos. Una pieza inacabada que necesita de un sujeto que le dé vida. Un billete para el turista aventurero para pisar la realidad local cuando viaja y la oportunidad de llevarse un pedacito de esa realidad.